DE CÓMO SE CONVIERTE UNA POESÍA EN TRADICIONAL: VENID Y VAMOS TODOS…

 La conversión de un poema, nacido para ser cantado y no leído, en un producto literario tradicional[1]  implica la imposibilidad presente de determinar cuál fue el original que dio lugar a las sucesivas versiones creadas en el y por el pueblo en circunstancias diversas. Después de haber analizado las 160 versiones modernas del romance tradicional de «La boda estorbada» (compuesto en el siglo XVI) concluía Ramón Menéndez Pidal:

 No es posible fijar el texto primitivo de una canción popular, oral, tradicional, como fija la filología el texto de una obra literaria de origen individual, porque una obra, desde el primer momento que alcanza popularidad tradicional, nos ofrece ya varios textos coetáneos.[2]

 Y esto es lo que sucede hoy con la canción mariana Venid y vamos todos y sus diferentes versiones, de las que ofreceremos como ejemplificación solamente siete[3] de diferentes puntos geográficos. ¿Alguna de estas versiones fue el original que dio vida a las demás? ¿Cuál es la más antigua?

 A continuación ofrecemos los siete ejemplos en un orden caprichoso: irán de menos a más estrofas.

1.ª

Venid y vamos todos
con flores a porfía,
con flores a María,
que madre nuestra es.

Venimos a ofrecerte
las flores de este suelo;
¡con cuánto amor y anhelo,
Señora, tú lo ves!

[Es la versión más corta, más repetida y popular]

2.ª

Venid y vamos todos
con flores a porfía,
con flores a María,
que madre nuestra es .

De nuevo aquí nos tienes,
purísima doncella,
más que la luna, bella,
postrados a tus pies (Bis).

Por ellas te rogamos,
si cándidas te placen,
las que en la gloria nacen,
en cambio, tú nos des.

[Monseñor Santiago Costamagna, SDB (1902), Argentina]

3.ª

Venid y vamos todos
con flores a porfía,
con flores a María,
que madre nuestra es.

[Se repite el último verso]

De nuevo aquí nos tienes,
purísima doncella,
más que los cielos, bella,
postrados a tus pies.

[Se repite el último verso]

Venimos a ofrecerte
flores del bajo suelo;
¡con qué <filial>[4] anhelo,
señora, tú lo ves!

[Se repite el último verso]

Humildes te rogamos,
si no lo desmerecen,
las que en la gloria crecen,
en cambio, tú nos des

[Se repite el último verso]

Con ellas te ofrecemos
rendidos corazones
pidiendo los dones
que rica tú poseas[5].

[Se repite el último verso]

En tus benignas manos
vida y salud ponemos;
al puerto llegaremos
y a nuestro lado estés.

[Se repite el último verso]

[Versión de Siero de la Reina (León)]

4.ª

Venid y vamos todos
con flores a porfía
con flores a María,
que madre nuestra es.

De nuevo aquí nos tienes
purísima doncella,
más que la luna, bella,
postrados a tus pies.

Venimos a ofrecerte,
flores del bajo suelo;
¡con cuánto amor y anhelo,
Señora, tú lo ves!

Por ellas te rogamos,
si no lo desmerecen,
las que en la gloria crecen,
en cambio, tú nos des.

No nos dejes un punto,
que el alma, pobrecilla,
cual frágil navecilla,
sin ti, dará al través,

Tu poderosa mano
defiéndanos, Señora,
y siempre, desde ahora,
a nuestro lado estés.

[Versión de la Fundación Joaquín Díaz (Valladolid)]

5.ª

Corramos fervorosos,
con flores a porfía,
con flores a María
que madre nuestra es.

De nuevo aquí nos tienes,
purísima doncella,
más que la luna, bella,
postrados a tus pies.

Venimos a ofrecerte,
flores del bajo suelo;
¡con qué filial anhelo,
Señora, tú lo ves!

Humildes te rogamos,
si ellas no desmerecen,
las que en la gloria crecen,
en cambio tu nos des.

Con esto te ofrecemos
rendidos corazones,
pidiéndote los dones,
que ricos tú posees.

¡Ay, madre, no me dejes,
ay, que las almas solas,
entre las turbias olas,
darán luego al través!

En tus benignas manos,
vida y salud ponemos;
al puerto llegaremos,
si a nuestro lado estás.[6]

(Versión recogida en Puerta de Tierra, barrio extramuros de San Juan de Puerto Rico)

6.ª

 Venid y vamos todos
con flores a porfía,
con flores a María,
que madre nuestra es.

De nuevo aquí nos tienes,
purísima doncella,
más que la luna, bella,
postrados a tus pies.

A ofrecerte venimos
flores del bajo suelo;
¡por cuanto amor y anhelo,
Señora, tú lo ves!

Jamás tu amor consienta
que en este triste mundo,
fiero cual mar profundo,
sufran algún revés.

No solos, ¡ay!, los dejes
el piélago ir surcando,
porque sin ti, luchando,
darán luego de través.

Gobierne el frágil barco
tu brazo poderoso,
y siempre hasta el dichoso
puerto velando estés.

Y, si a tus dulces ojos,
hoy nuestras flores placen,
las que en la gloria nacen
en premio tú nos des.

[Versión de BUSTARES, (Guadalajara)][7]

7.ª

Venid y vamos todos
con flores a porfía,
con flores a María
que madre nuestra es.

De nuevo aquí nos tienes,
purísima doncella,
más que la luna, bella,
postrados a tus pies.

Venimos a ofrecerte las
flores de este suelo;
¡con cuánto amor y anhelo,
Señora, tú lo ves!

Por ellas te rogamos,
si cándidas te placen,
las que en la gloria nacen
en cambio tú nos des.

También te presentamos
rendidos corazones;
haz, madre, que estos dones
te sean honra y prez.[8]

No dejes de tu mano
al alma, pobrecilla;
cual frágil navecilla,
sin ti, diera al través.

Tu poderosa mano
defiéndanos, Señora
y siempre desde ahora
a nuestro lado estés.

 [Versión de MEMBRIO (Cáceres)][9]

Realicemos ahora dos breves comentarios: el primero irá dirigido al análisis de los elementos comunes que son los que hacen que sean versiones de una misma canción y el segundo se centrará en los elementos variables.

El primer elemento común es el de la invitación a participar en la ceremonia religiosa aportando, como ofrecimiento a la Virgen María en su mes de mayo, flores: a porfía. En todas las versiones se realiza en la primera estrofa.

El ofrecimiento, presentado como acto de amor y anhelo es el segundo de los elementos comunes, excepto en la 2.ª, versión a la que monseñor Santiago Costamagna ha puesto música. Aparece en el tercer lugar, salvo en la primera, que no tiene más que dos.

La métrica es el tercero de los elementos de unión. Las siete canciones mantienen un tipo de redondilla, no muy común en la historia de la poesía española. El verso elegido es el heptasílabo (el más común en este tipo de estrofas es el octosílabo), combinado de la siguiente forma: abbc, deec, fggc, etc. La rima es consonante y diferente en cada estrofa con la siguiente particularidad: el verso cuarto de cada estrofa repite la rima aguda –és, como se habrá podido observar en la lectura y en el esquema métrico anterior. Actúa de elemento de sutura, de engarce entre las diversas estrofas con su repetición.

El verso heptasílabo, usado como independiente lo encontramos ya en textos poéticos medievales tempranos como el Auto de los Reyes Magos (s. XII), la Disputa del alma y el cuerpo (s. XII) o la Historia troyana (s. XIII). Su manifestación más importante en el Medievo la hallamos en las redondillas de los Proverbios morales de Santob (h. 1350). En el siglo de oro español forma parte junto con el endecasílabo en la silva, la endecha real o la estancia; junto con el pentasílabo en la seguidilla y en serie indeterminada en el llamado romance endecha. Así llegamos al siglo XVIII, a la lírica neoclásica donde se convierte en uno de los metros más cultivados en anacreónticas, cantinelas, endechas, letrillas, odas y romances. Después de un largo bache, lo volvemos a ver utilizado con cierta frecuencia en la poesía del 27.

Por lo que respecta a la redondilla con el cuarto verso agudo y repetido en el resto de las estrofas la hallamos en poetas neoclásicos como Juan Bautista Arriaza (1770-1837), Manuel María de Arjona (17771-1820), Dionisio de Solís (1774-1834), etc.[10] ¿Habrá tenido origen este canto mariano que nos ocupa en el siglo XVIII?

Las diferencias son las que convierten estas siete canciones en versiones diferentes. Y el primer elemento diferenciador es el del número de estrofas, lo que nos permite realizar cuatro grupos: 1.º: dos estrofas solo la primera; 2.º: tres estrofas la segunda; 3.º seis estrofas la tercera y la cuarta; 4.º siete estrofas la quinta, sexta y séptima.

El orden y el contenido de las estrofas señalan también diferencias. Lo veremos en el siguiente cuadro en el que representamos cada estrofa con una letra mayúscula en orden de aparición en las diferentes versiones:

1.ª 2.ª 3.ª 4.ª 5.ª 6.ª 7.ª
A A A A A A A
B C C C C C C
D B B B B B
D D D I D
E G E J E
F H G K G
F D H

El resultado es el siguiente: A = 7 presencias; B, C y D = 6 presencias; E y G = 3 presencias; F y H = 2 presencias; I, J y K = 1 presencia. La versión más diferente es la 6.ª, la de Bustares (Guadalajara), ya que incorpora 3 estrofas que no se hallan en el resto.

Por último, centrémonos en el análisis de las variantes de los versos, que son de orden léxico, morfológico o sintáctico.

A) V. 1: Venid y vamos todos (1.ª) / Corramos fervorosos (5.ª).

B) V. 1: Venimos a ofrecerte (1.ª) / A ofrecerte venimos (6.ª).

    V. 2: las flores de este suelo (1.ª) / flores del bajo suelo (3.ª) / flores de      este suelo (7.ª).

    V. 3: ¡con cuánto amor y anhelo (1.ª) / ¡con qué filial anhelo (3.ª) / ¡por cuánto amor y anhelo (6.ª).

C) V. 3: más que la luna, bella (2.ª) / más que los cielos, bella (3.ª).

D) V. 1: Por ellas te rogamos (2.ª) / Humildes te rogamos (3.ª) / Y, si a tus dulces ojos (6.ª).

    V. 2: si cándidas te placen (2.ª) / si no lo desmerecen (3.ª) / si ellas no desmerecen (5.ª) / hoy nuestras flores placen (6.ª).

    V. 3: las que en la gloria nacen (2.ª) / las que en la gloria crecen (3.ª).

V. 4: en cambio, tú nos des (2.ª) / en premio tú nos des (6.ª).

E) V. 1: Con ellas te ofrecemos (3.ª) / Con esto te ofrecemos (5.ª) / También te presentamos (7.ª).

     V. 3: pidiendo los dones (3.ª) / haz, madre, que estos dones (7.ª).

V. 4: que rica tú poseas (3.ª) / que ricos tú posees (5.ª) / te sean honra y prez (7.ª).

F) V. 4: y a nuestro lado estés (3.ª) / si a nuestro lado estás (5.ª).

G) Sin variantes.

H) Sin variantes.

I, J y K: Son únicas.

Creo que, después de todo lo expuesto, queda sobradamente demostrado que la poesía tradicional religioso se caracteriza por su carácter popular, en el sentido de que el pueblo-feligrés se hace autor y la recrea, y por vivir en variantes, como consecuencia de lo anterior.


[1] El proceso completo fue analizado y descrito en nuestra entrada titulada Tradicionalización de obras poéticas religiosas.

[2] Romancero hispánico, Madrid, Espasa-Calpe, 1968, T. I, p. 39.

[3] El número es igualmente caprichoso, aunque me parece suficiente para ilustrar lo que me propongo: que el lector perciba el proceso de la variación sin que llegue a cansarse. El número lo ha dictaminado la gemetría, ya que es mi número preferido: es la suma de dos veces la trinidad y una la unidad, o lo que es lo mismo, simboliza la perfección, representa el ciclo completo

[4] fial en el manuscrito.

[5] Debiera ser posees para no romper la rima.

[6] Rompe la rima consonante aguda en –és del resto de las estrofas

[7] Tomada de Pedro Vacas Moreno y Merche Vacas Gómez, Las flores de mayo a la Virgen María, Madrid, Visión Libros, 2004, p. 19.

[8] Rompe la rima consonante, aunque mantiene la asonante.

[9] Idéntica versión se halla recogida en la web de la IAM en Salta (Argentina).

[10] Veamos un ejemplo de Arjona de su poema titulado Al rey, nuestro señor, en 28 de abril de 1814: «Ven, oh deseado / príncipe clemente, / llena el voto ardiente / del pueblo español // Tras de los terrores / de feroz tormenta, / sus rayos ostenta / más gallardo el sol.»

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4 respuestas a DE CÓMO SE CONVIERTE UNA POESÍA EN TRADICIONAL: VENID Y VAMOS TODOS…

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