¡CÓMO CAMBIAN LOS TIEMPOS! LOS TRES JUEVES

Hoy, día 30 de mayo de 2013, es el día de la festividad religiosa católica del Corpus Christi.

¡Cómo cambian los tiempos, cómo mudan las costumbres! Existe un refrán español que dice  los siguiente: «Tres jueves hay en el año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y La Ascensión». Fueron días grandes en España, de fiesta de guardar. Hoy solo el primero es festivo en algunas comunidades; en otras ya no. La Iglesia española solo mantiene en jueves el primero; los otros dos, los traslada al domingo siguiente. Ya no re-lucen, ni siquiera lucen, porque los han trasladado, los han quitado la luz. Adiós refrán, adiós.

Aquellos años de niñez y juventud que la norma imponía la fiesta, el día del Corpus era día de fiesta grande. Se hacía la «casina» en la calle, al abrigo de una pared soberana, donde reposaría no por mucho tiempo la hostia sagrada alojada en la custodia dorada. La calle se engalanaba, se rociaba de flores. Se iniciaba la procesión en la que el sacerdote llevaba bajo palio la custodia. Se sucedían los cánticos, los niños y las niñas iban arrojando flores delante para esmaltar el paseo. Llegada la procesión a la «casina», se cantaba el Pange lingua seguido del Tantum ergo. Se impartían las bendiciones, y de nuevo a la iglesia. Y siempre acompañando el toque de las campanas bajo los acordes de procesión, tañidas por manos maestras que ponen el fondo, pero no ahogan el cántico. ¡Quién no recuerda los repiques de El Rubio!

Este jueves fue el día más literario de la historia de la literatura española. Fue el día de los autos sacramentales. El auto sacramental era una obra dramática en un acto, alegórica y referente al misterio de la Eucaristía, que se representaba el día del Corpus Christi, y que se convirtió en un género característico del teatro barroco, pudiéndose afirmar que la competencia de las ciudades, pueblos y parroquias por conseguir los autos de los autores de más renombre fue un hecho esencial de la fe católica española del XVII. Numerosos fueron los escritores áureos que cultivaron el género, pero ninguno llegó a la perfección de que le dotó Calderón de la Barca. Tendría que llegar el siglo XVIII para que la política y los contrarios al teatro áureo español –de porte nada clásico- acabaran con la fiesta y la prohibieran en aras de preservar una religiosidad en la que no creían.

PARA SABER MÁS: Entre la amplísima bibliografía al respecto pueden consultarse las obras clásicas de Ángel Valbuena Prat, <<Los autos sacramentales de Calderón: clasificación y análisis>>, RH, LXI (1924), pp. 1-302, o Bruce W. Wardropper, Introducción al teatro religioso del Siglo de Oro. Evolución del auto sacramental antes de Calderón, Salamanca, Anaya, 1967.

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