MAYO LITERARIO

PAISAJE NEVADO

LA UÑA (LEÓN)

El mes de mayo –nombre disputado por los partidarios de Maya[1] y de los maiores– en las montañas de León –y en otros lugares- es el mes de las flores, hecho natural de la eclosión de la primavera, y no antes, aunque en este 2013 su inicio se vea teñido solo de blanco para no dejar en mal lugar al refrán que comenzaba en la luna llena de octubre y acababa en la de abril.

PRADO

CAMPO DE GRILLANDAS

También en la montaña oriental leonesa –por ejemplo en Siero de la Reina- se decía, cuando yo era chaval y una de nuestra devociones diarias –incluidos los domingos- era buscar nidos de pájaros y controlar la puesta de los huevos y el nacimiento de los nuevos cantores, que marzo era nialarzo; abril, hueveril, y mayo, pajarayo. [2] Ya tenemos el color de las flores y los trinos que, junto con la nueva hoja verde de hayas y robles, cubren y llenan la naturaleza montañesa, que despierta de su largo sueño invernal.

Recibamos este quinto mes del año con algunas de sus creaciones literarias, ya que mayea literatura, y que no son otras que las «mayas», esas poesías que tienen dos núcleos temáticos: lo que sucede en el mes y el amor, y que se hallan en la literatura española desde la noche de los tiempos.

De dos tipos son estas mayas: cultas y tradicionales. Al primer grupo pertenecen los versos de las dos cantigas de Alfonso X, los del Libro de Alexandre y la glosa[3] de Tirso de Molina; el resto forman parte del segundo grupo, el de transmisión oral, el de la memoria colectiva del pueblo, aunque en ocasiones hayan sido recolectadas por los poetas y conservadas en la plana del papel impreso.[4]

Demos la bienvenida al nuevo y mejor mes del año según el refranero[5]:

«En hora buena vengáis, mayo,
el mejor mes de todo el año».

(Hernán Núñez, Refranes o proverbios (1555)

Comencemos con un breve excurso sobre la poesía lírica provenzal de la Edad Media y su influjo en el resto de la poesía europea hasta el siglo XV, y especialmente en la cultivada en España.

La primitiva lírica española se aglutina en torno a tres núcleos geográficos, cada uno con su respectiva lengua: Cataluña, Galicia y Al Andalus. Los dos primeros son hijos directos de la poesía cortesana cultivada en la Provenza (Francia) en langue d´oc. El primer trovador conocido fue Guillermo de Poitiers (1086-1127).  Un hecho militar tendría consecuencias especiales en esta poesía: la guerra contra la herejía albigense (1209-1244). Derrotados los albigenses, muchos de los trovadores provenzales tuvieron que expatriarse llevando consigo su poesía y creando estilos literarios fuera de su territorio, como el dolce stil nuovo en Italia (segunda mitad del s. XIII), origen de la nueva poesía renacentista.

Por lo que respeta al núcleo galaico-portugués, que es el que ahora nos interesa, hay que decir que el influjo provenzal le llegará a través del Camino de Santiago, por el que viajaron los trovadores provenzales buscando público para sus trovas. Esta poesía galaica, en gallego, se encuentra recopilada en cancioneros como el de Ajuda, Vaticana y Colocci Brancutti.

Así pues, la influencia de las trovas provenzales en la poesía española del Medievo no fue un hecho extraño, sino natural. El gallego se convierte en lengua poética y de ahí que hasta en la Corte se utilizara en composiciones poéticas, como es el caso de Alfonso X y sus cantigas. O como evidencia en Cancionero de Baena (h. 1445), primer cancionero castellano que se conoce y en el que los poetas más antiguos escriben en gallego o lo alternan con el castellano. Como ha escrito Juan Luis Alborg «la lírica castellana había recibido de la gallega, con el impulso que la originaba, no solo el espíritu, sino todas las reglas de su arte, los géneros líricos, la variación de sus canciones y las combinaciones métricas».

De acuerdo con lo anteriormente dicho, antes de dar a conocer algunas de las mayas españolas más representativas, fijémonos en la primera estrofa de «Kalenda maya» del trovador provenzal Raimbaut de Vaqueiras (…1180-1205…) porque en ella se hallan ya los tópicos de este tipo de composiciones: mes de mayo, canto de aves, flores y los amantes:

«Ni la calenda de mayo ni la hoja del haya ni el canto del pájaro ni la flor del gladíolo pueden agradarme, noble dama alegre, hasta que me llegue un veloz mensajero de vuestra hermosa persona que me cuente el nuevo placer para que el amor me atraiga [hacia vos], y yazca [con vos] y me dirija hacia vos, dama veraz, y caiga el celoso herido antes de que yo renuncie a ello». [6]

Dejemos el turno al primer testimonio literario que nos da en verso alejandrino y en cuaderna vía las excelencias climatológicas y nos introduce en asuntos de amores, el Libro de Alexandre (principios del siglo XIII), en el que sugerencias alusivas a ritos populares de primavera y el expansinismo vital y erótico del mes de mayo se hacen patentes:

«El mes era de mayo, el tienpo glorïoso,
cuando fazen las aves un solaz deleitoso;
son cubiertos los prados de vestido fermoso:
da sospiros la dueña la que non ha esposo.

Tienpo dulçe e sabroso pora bastir casamientos,
porque lo tenpran las flores e los sabrosos vientos:
cantan las donçelletas suyos mayos a conventos,
fazen unas a otras buenos pronunçiamientos.

Caen en el sereno las buenas ruçiadas,
entran en flor las mieses, ca son ya espigadas,
fazen las dueñas triscas, en camisas delgadas:
estonçes casan algunos que después se mesan las barvas.

Andan moças e viejas bueltas en amores,
van a coger por la siesta a los prados las flores,
dizen unas a otras buenos pronunçiadores
e aquellos más tiernos tiénense por mejores.

Lo días son bien grandes, los canpos reverdidos,
son los paxarillos de mal pello sallidos,
los távanos que muerden non son aún venidos,
luchan los moçuelos en bragas, sin vestidos.

Dos composiciones en gallego de Alfonso X nos servirán para continuar con este recorrido y para ilustrar como al mes de mayo se relaciona con la Virgen María y con la guerra. La primera de las composiciones dice así en su primera y última estrofa.

Ben vennas, maio, | e con alegria;
poren roguemos | a santa Maria
que a seu fillo | rogue todavia
que el nos guarde | d’ err’ e de folia.
Ben vennas, maio.
Ben vennas, mayo, e con alegria.

Y así finaliza:

Ben vennas, maio, | con bõos manjares;
e nos roguemos | en nossos cantares
a santa Virgen, | ant’ os seus altares,
que nos defenda | de grandes pesares.
Ben vennas, maio, e con alegria.[7]  

La segunda de las composiciones alfonsíes es una sátira política contra los nobles desleales que no apoyaron al rey castellano contra el rey moro de Granada  o la invasión de los benimerines:

O queda guerra levou cavaleiros
e a sa terra foi guardar dinheros,
non ven al maio.

O que da guerra se foi con maldade
[e] a sa terra foi comprar erdade,
non ven al maio. [8]

Continuemos con el mester de clerecía para llegar hasta 1348 y al Poema de Alfonso Onceno (1311-1350) de Rodrigo Yáñez, crónica en verso del reinado de este rey castellano:

«Allí quando vienen las flores
e los árboles dan fruto,
los leales amadores
ese tiempo preçian mucho.

Asý commo el mes de mayo
quando el ruy-sennor canta,
responde el papagayo
de la muy fermosa planta.

La calandra del otra parte,
del muy fermoso rrosal,
el tordo que departe
el amor que mucho ual.

Aquesta rasón dexemos
por los fechos declarar,
e del muy noble rrey fablemos,
que se fiso coronar».
(Estrofas 411-414)

Demos entrada al villancico popular, una de las formas principales y propias de la lírica primitiva castellana:

 «Entra mayo y sale abril;
¡cuán garridico le vi venir!

Entra mayo con sus flores,
sale abril con sus amores,
y los dulces amadores
comienzan a bien servir».

(Anónimo)

Tanta excelencia literaria rezuma este poema que fue glosado, entre otros, por Tirso de Molina (1579-1648) en su obra teatral La peña de Francia (1612):

«Entra maño y sale abril;
¡cuán garridico le vi venir!

Entra maño coronado
de rosas y de claveles,
dando alfombra y doseles,
en que duerma amor, al prado,
de trebol viene adornado,
de retama y torongil.

Entra mayo y sale abril;
¡cuán garridico le vi venir».

Continuemos con uno de los más bellos y logrados romances épico-líricos, en su versión larga, anónimo, de carácter tradicional, anterior al siglo XVI: «Romance del prisionero».

ROMANCE

Calandria comun1

CALANDRIA COMÚN

— Por el mes era de mayo,
cuando hace la calor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor,
sino yo, triste cuitado,
que vivo en esta prisión,
que ni sé cuándo es de día,
ni cuándo las noches son,
sino por una avecilla
que me cantaba al albor;
matómela un ballestero,
dele Dios mal galardón.
Cabellos de mi cabeza
lléganme al corvejón,
los cabellos de mi barba
por manteles tengo yo,
las uñas de mis manos
por cuchillo tajador.
Ruiseñor comun2Si lo hacía el buen rey,
hácelo como señor;
si lo hace el carcelero,
hácelo como traidor.
Mas quien agora me diese
un pájaro hablador
siquiera fuera calandria,
tordico, o ruiseñor,
criado fuese entre damas
y avezado a la razón,
que me lleve una embajada
a mi esposa Leonor:
que me envíe una empanada
no de trucha ni salmón,
sino de una lima sorda
y de un pico tajador,
la lima para los hierros
y el pico para la torre.—
Oído lo había el rey,
mandole quitar la prisión.

(Cancionero de romances, Anvers, 1550)

Incorporemos al repertorio esta maya canción infantil, claramente tradicional, que las niñas de mi generación utilizaban para saltar a la comba, y que muy probablemente sea de origen medieval.

Mañanita fresquita de mayo
cogí mi caballo y me fui a pasear
por los sitios más acostumbrados
donde mi morena suele pasear.

Yo la he visto cortando una rosa,
yo la he visto cortando un clavel,
yo la he dicho: — Jardinera hermosa,
¿me das una rosa, me das un clavel?

— Una rosa yo sí te daría,
una rosa y también un clavel
si me juras de no haber tenido
rosas, en la mano, de otra mujer.

— Yo te juro y te juro y te juro,
yo te juro y te vuelvo a  jurar,
yo te juro de no haber tenido
rosas en la mano de otro rosal.

(Versión de Siero de la Reina (León)

Finalicemos con un nuevo refrán agrícola que incide una vez más en una de las notas características del nuevo mes:

«Entra mayo y sale abril;
¡cuán floridito le vi venir!»

(Gonzalo Correas, Vocabulario de refranes (1627)

_____________________________

[1]MAYA: «Desde tiempos muy remotos existía en Roma una diosa Maya que, por lo menos en su origen, no tiene en absoluto relación alguna con la Maya griega. A veces aparece como páredro de Vulcano, el dios del fuego. Le estaba particularmente consagrado el mes de mayo» (Pierre Grimal, Diccionario de mitología).

[2] Todavía recuerdo el castigo sobrevenido a mi malogrado amigo Milianín y a mí por saltarnos un rosario dominguero de tarde y dedicarlo a buscar nuestros nidos en el Urniello.

[3] Ya en 1990 escribía sobre el género literario de la glosa lo siguiente: «Entendemos por glosa poética la composición en la que se explican los versos de otra poesía ya existente –llamada «texto»-, constituyendo un todo orgánico los versos ajenos y los propios del glosador», Francisco Javier Fuente Fernández, «Pliegos sueltos góticos de Praga: Las glosas de romances», Estudios Humanísticos, 12 (1990), p. 160.

[4] Para la lírica tradicional castellana medieval, vid. Margit Frenk, Nuevo corpus de la antigua lírica popular hispánica: Siglos XV a XVII. 2 vol. México: Universidad Nacional Autónoma de México/El Colegio de México/Fondo de Cultura Económica, 2003.

[5] No incidimos en los numerosos refranes que ha generado este mes y que se pueden leer, aunque no todos, en Martínez Kleiser, Refranero general ideológico. Partiendo de ellos, se podría realizar un estudio caracteriológico de este mes mariano.

[6] Traducción prosificada de Martín de Riquer, Los trovadores: Historia literaria y textos, Barcelona, 1975, Vol. II, p. 836.

 [7] Utilizo la edición de Jesús Montoya: Alfonso X el Sabio, Cantigas, Madrid, Cátedra, 1988, pp. 272-277. Esta es la versión castellana que realiza el editor: «Bienvenido, mayo, y con alegría; por esto roguemos a Santa María que pida a su Hijo aún todavía que de pecado y locura nos guarde. Bienvenido, Mayo. Bienvenido seas, y con alegría. // Bienvenido seas, Mayo, el de los buenos manjares; y nosotros roguemos en nuestros cantares a la Virgen Santa, ante sus altares, que nos defienda de los grandes pesares».

 [8] Versión castellana de Jesús Montoya: «El que de la guerra se llevó sus caballeros y a su tierra se fue a guardar el dinero, no viene al mayo. // El que de la guerra se fue con malicia y a su tierra se fue a comprar heredad, no viene al mayo». (pp. 285-287).

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2 respuestas a MAYO LITERARIO

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