PLIEGO DE CORDEL-LITERATURA DE CORDEL

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PLIEGO GÓTICO DE PRAGA. PORTADA

La relación entre un bloguero y sus lectores se realiza a través del correo electrónico. Pero, a veces, sucede que el bloguero es conocido en su localidad y tiene la posibilidad de compartir personalmente opiniones con sus lectores. Y esto es lo que sucedió hace unos días con uno de mis lectores que, además puede ser compañero o contrario en nuestras disputadas partidas de mus y tute y en sus tertulias posteriores entre vencedores y vencidos. Finalizada una de estas, tuve que explicar la diferencia pidaliana entre literatura popular y tradicional –luego saldría el artículo- y allí apareció el nombre de pliego de cordel. Mi asombro se produjo cuando un contertulio, y no de poca edad, preguntó qué era eso del pliego de cordel. A continuación vino la explicación, que es la que voy a dar aquí pensando, sobre todo, en los jóvenes que no tuvieron la oportunidad de oír a los ciegos en las plazas mayores de las ciudades, villas o pueblos, subidos en su atalaya, recitar diferentes tipos de obras literarias que contenían los pliegos que ponían a la venta colgados de un cordel atado a dos de sus columnas –a toda esta literatura se la llamó coplas de ciego-. La recitación o canto servía, como es obvio, de reclamo para su venta.

La explicación comenzó por la morfología del libro antiguo.[1] Este se componía de cuadernillos, cada uno con su signatura – una letra, comenzando por la a, para cada cuadernillo seguida de un número que indicaba la hoja, colocada en la parte inferior derecha del anverso (recto) – para que a la hora de encuadernarlos no hubiera duda y no se confundiesen. El cuadernillo tenía su origen en el pliego de papel. Este tenía diferentes medidas según el molde del molino que lo fabricaba. Iban desde el denominado de marca regular (44 x 32 cm) hasta el de doble marca mayor prolongada (90 x 65). El pliego de papel se doblaba y comenzaban a aparecer los diferentes formatos de los libros: una doblez da el folio (2 h. y 4 p.); dos, el cuarto (4 h. y 8 p.); tres, el octavo (8 h. y 16 p.); cuatro, el dozavo (12 h y 24 p.), y cinco, dieciseisavo (16 h. y 32 p). Así definía el diccionario de Autoridades en 1737 el pliego: «Se llama la porción o pieza de papel que se fabrica de una vez en el molde, y se hace de diversos tamaños: como el común, el de marquilla (que es en el que va impreso este diccionario), marca mayor, etc.».

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PLIEGO GÓTICO DE PRAGA. PÁGINA INTERIOR CON SIGNATURA

Ahora, si el pliego de papel no lo utilizamos para hacer cuadernillos para libros, sino que lo dejamos suelto, sin ni siquiera coserlo, nace el pliego suelto, literario o no, «esas hojas volanderas, de reducido número de páginas, de contenido poético […] que darán lugar a la llamada literatura de cordel».[2]  De esta forma el pliego suelto puede tener diferente número de páginas en función de si se utilizan uno, dos y hasta tres. En esta definición de pliego, basada en factores externos, no coinciden todos los críticos, ya que algunos niegan el nombre a los que solo constan de dos hojas o lo que es lo mismo, medio pliego de papel, o los que constan de más de un pliego.[3] No obstante, me sigue pareciendo válida, sensu lato, la que diera el mejor conocedor de este tema, Antonio Rodríguez-Moñino: «Por pliego suelto se entiende, en general, un cuaderno de pocas hojas destinado a propagar textos literarios o históricos entre la gran masa lectora, principalmente popular. Su extensión varía según la de la obra que contienen y así, aunque en un principio sirvió como norma atenerse a lo que era en verdad un pliego, es decir, una hoja de papel en su tamaño natural, doblada dos veces para formar ocho páginas, poco a poco se ha ido extendiendo el concepto y se considera como pliego suelto al cuaderno de hasta 32 planas y aún más».[4]

El pliego suelto y su contenido alcanzaron rápidamente el grado de obra del pueblo, a quien pertenecía y podía hacer con él lo que quisiera. De ahí, que aquellos pliegos que tuvieron éxito editorial fueron imprimidos por otros impresores sin recato alguno. La mayoría de sus obras se publicaban como anónimas, aunque, en algunos casos, no lo fueran. Se convirtió en un canal de transmisión importante de la literatura popular y tradicional a la que sirvió de fuerte y eficaz rodrigón: «El pliego suelto es la fuente donde bebe el pueblo español sus conocimientos de la poesía, la novela y, a veces, la historia»[5]. Así, además de su uso inmediato y recreativo, el pliego tenía otras aplicaciones como servir de instrumento didáctico a través del que los niños se ejercitaban en las escuelas públicas en la lectura: fueron los antecedentes de las posteriores cartillas escolares. De este uso escolar tenemos noticias bien tempranas como la de Juan González de la Torre de 1580; y también de su pervivencia en el siglo XVIII, como atestiguan Campomanes e Iriarte.[6]

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PLIEGO GÓTICO DE PRAGA. COLOFÓN

Los pliegos difundían tanto obras en prosa como en verso, siendo estos últimos los más numerosos. Sus obras, literarias o no, eran de diversa índole desde el punto de vista de su género: noticias, relatos, resúmenes de obras más largas, milagros, romances, glosas, canciones, villancicos, loas, jácaras, sátiras, oraciones, cantos religiosos en honor de santos, de la Virgen, de Jesucristo, entremeses, etc. Todas ellas caracterizadas por ser de corta extensión. Para los de larga extensión estaba reservado el libro.

Los encargados de comercializar este tipo de literatura fueron los ciegos agrupados en su Hermandad de la Visitación que era la que organizaba el negocio de la impresión y de la distribución y venta. A ella le habían conferido los reyes en exclusividad los derechos de difusión: «Los ciegos eran los encargados, con exclusividad oficial, de la venta en la Corte de todo género de gacetas, relaciones, coplas, almanaques y guías».[7] Los llevaron hasta los rincones más insospechados de la geografía española. El ciego escuchando la lectura de las obras más significativas del pliego, se las aprendía de memoria. Cuando llegaba a las poblaciones acompañado de su lazarillo, normalmente en las plazas, montaban un pequeño escenario al que subía el ciego y llamaba al público a escuchar el recitado o cantado de aquellos textos que traía consigo. El lazarillo ataba un cordel entre dos columnas y allí colgaba los pliegos sueltos para ser vistos y examinados. Una vez que el ciego terminaba su actuación, el público compraba al lazarillo los ejemplares en que estuviera interesado. Y de ahí el nombre de pliegos de cordel y a la literatura que contenían literatura de cordel.[8]

Los ejemplares conservados son escasos si se comparan con los millares que se imprimieron desde el siglo XVI[9] hasta el siglo XX. Tres se puede decir que fueron las causas fundamentales: 1.ª La fragilidad del propio pliego. 2.ª El descrédito a que llegó, sobre todo, a partir del siglo XIX. Ejemplo de ello es el volumen de romances, sacados de entre los publicados en estos pliegos, que publicó  Agustín Durán con el nombre de Romancero vulgar (1851), en un claro intento de diferenciarlos en cuanto a su calidad literaria de los conocidos como tradicionales. 3. ª La incuria hominum o la injuria temporum, acompañadas de usos en algunos casos non sanctos.

Este método de difusión mediante el pliego suelto, vive en la memoria todavía de nuestros mayores quienes tuvieron ocasión de conocerlo en la plaza mayor o en alguna de las calles de ciudades, villas y pueblos, sin olvidar los tenderetes que los ciegos montaban en las numerosas ferias que se celebraban por toda la geografía española; y en épocas más recientes, en los quioscos se compraban pliegos sueltos en los que se difundían las canciones de los cantantes de moda del momento. Ignoro si ahora continúa el procedimiento.

No me resisto a finalizar sin incluir como colofón una nueva referencia del mejor conocedor de los pliegos del XVI: «Estas humildes flores bibliográficas que nacen, se agostan y reviven durante más de cuatro centurias, que se multiplican en infinitos ejemplares para desaparecer al poco tiempo, que sirven de rodrigón a la transmisión oral del romancero, apenas si podemos examinarla hoy con facilidad. El tiempo las ha hecho muy escasas y son poquísimos los ejemplares los que subsisten de los muchos millones que debieron de estamparse».[10]

Como ilustración de todo lo dicho, inserto un archivo con un trabajo de 1992 sobre el tema que se tituló Cuatro pliegos de cordel desconocidos del siglo XVIII.

PLIEGOS S. XVIII


[1] José Simón Díaz, El libro español antiguo: análisis de su estructura, Kassel, Reichenberger, 1983.

[2] Carlos Romero de Lecea, La imprenta y los pliegos poéticos, Madrid, Joyas bibliográficas, 1974, p. 27.

[3] Para el interesado en el tema, véase Víctor Infantes, «Balance bibliográfico y perspectivas críticas de los pliegos sueltos poéticos del siglo XVI», en Varia bibliográfica. Homenaje a José Simón Díaz, Kassel, Reichenberger, 1988, pp. 375-385.

[4] Antonio Rodríguez-Moñino, Diccionario de Pliegos Sueltos Poéticos (Siglo XVI), Madrid, Castalia, 1970, p. 11

[5] Antonio Rodríguez-Moñino, Los pliegos poéticos de la colección del Marqués de Morbecq, Madrid, Joyas Bibliográficas, 1962, p. 10.

[6] Ramón Menéndez Pidal, Romancero hispánico, Madrid, 1953, T. II, pp. 185-186 y 249.

[7] A. Rumeu de Armas, Historia de la previsión social en España: Cofradías. Gremios. Hermandades. Montepíos, Madrid, 1944, p. 271.

[8] Tres son las obras de referencia sobre el tema: Julio Cara Baroja, Ensayo sobre la literatura de cordel, Madrid, Revista de Occidente, 1969; María Cruz García de Enterría, Sociedad y poesía de cordel en el Barroco, Madrid,  Taurus, 1973, y Joaquín Marco, Literatura popular en España en los siglos XVIII y XIX, Madrid, Taurus, 1977.

[9] Véase Antonio Rodríguez-Moñino, Diccionario..., op. cit. Estos pliegos se han conservado en colecciones particulares o de bibliotecas estatales, muchas de ellas fuera de España donde fueron más apreciados,  que han sido estudiadas por bibliófilos amantes del tema. Entre ellos, Francisco Javier Fuente Fernández, Los pliegos poéticos góticos de la Biblioteca Nacional de Praga. Estudio y Edición, León, Universidad de León, 1989.

[10] Antonio Rodríguez-Moñino, Diccionario…, op. cit., p. 14.

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5 respuestas a PLIEGO DE CORDEL-LITERATURA DE CORDEL

  1. Luis dijo:

    Nunca te acostarás, sin saber una cosa más…

  2. Estimado bloguero Francisco Javier.
    Buscando información sobre algunos de los pliegos de cordel de mi colección he dado con su blog, el cual me parece muy interesante e instructivo y al que seguiré desde ahora con asiduidad.
    Como observo nuestro común interés por esa literatura efímera que se ha etiquetado como ‘pliegos de cordel’ o ‘coplas de ciego’, le invito a pasearse por mi modesto blog donde intento divulgar y comentar algunos de los pliegos que poseo y que pueden resultar amenos a quienes no conozcan este denostado, por lo general, ¿subgénero? literario.
    Un cordial saludo.

    adarve5.blogspot.com.es

    Antonio Lorenzo

    • Estimado bloguero Antonio Lorenzo:
      Veo que compartimos algunos temas como es el de los pliegos d cordel. realicé mi tesis doctoral sobre una colección de pliegos sueltos góticos depositados en la biblioteca de la Universidad de Praga, que hoy no sé cómo se llamará. Ya he visitado su blog y me parce muy interesante. Lo revisaré completo. Aprovecho para realizarle una pregunta: ¿Conoce algún pliego del 18 que contenga la Canción de los pajaritos de san Antonio?
      Saludos cordiales
      Javier Fuente

      • Estimado Javier:
        Lamento comunicarle que no conozco ningún pliego del siglo XVIII con el famosísimo ‘Milagro de los pajaritos’.
        Poseo en mi colección de pliegos de tres ediciones diferentes de dicho milagro, pero pertenecen todas ellas al siglo XIX, que es la datación que creo más plausible y con apenas variantes al ser un tema muy ‘ritualizado’, como sucede por lo general con el Romancero de temática religiosa y que se ha venido usando como oración, de lo que hay, como sabe, numerosísimos ejemplos.
        Si tiene interés en dichos pliegos puedo darle más referencias o incluso escanearlos.
        Un cordial saludo

        Antonio Lorenzo

      • Muchas gracias por la informacin. La pregunta obedeca a que creo que tiene que haber alguno del XVIII; del XIX, ya he visto varios. La versin que yo publiqu es de tradicin oral y es la que cantaba mi madre y yo o de nio en numerosas ocasiones. Saludos. Javier Fuente

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