REFRANERO Y CENTROS DE ENSEÑANZA

El reclamo publicitario ha existido desde siempre, desde que el hombre es hombre y produce algo para el cambio o la venta. Primero fue el boca a boca. Después se fueron perfeccionando los métodos con la llegada de la escritura y sobre todo con el de la imprenta, hasta llegar a la sofisticación de las campañas publicitarias actuales donde intervienen diferentes códigos combinados sutilmente. Estamos bombardeados por la publicidad a todas las horas del día. Lo que no se publicita no se vende, dicen.

Y a ese mundo de la publicidad de antaño pertenecen algunos de los refranes que integran ese inmenso corpus de saber popular, el refranero,  y que ya en el siglo XV comenzó a recopilarse por escrito en colecciones –no olvidemos que el refrán pertenece a la literatura oral y tradicional-, como el del marqués de Santillana: Refranes que dicen las viejas tras el fuego (1499). Desde esta primera obra hasta las del siglo XX han mediado otras muchas –Pedro Vallés (1549), Hernán Núñez (1555), Francisco del Rosal (1560), Sebastián de Horozco (1599), Sorapán de Rieros (1616), Gonzalo Correas (1627) … todos los diccionarios, etc.-, mientras el refrán se seguía transmitiendo oralmente de generación en generación. En el siglo XX hay que citar a las dos grandes colecciones paremiológicas: Más de 21 000 refranes castellanos no contenidos en la copiosa colección del maestro Correas (1926) de Francisco Rodríguez Marín, completada con otros 12 600 más en 1930, 6 666 en 1934 y 10 700 en 1941, y el Refranero ideológico español de Luis Martínez Kleiser (1953) con más de 65 000. Hay que recordar que dichas obras no agotan todo el corpus, ni todas las versiones, pero sí son evidencia clara de la riqueza del refranero español, como él mismo reconoce: «Hay más refranes que panes» (Martínez Kleiser, 54 661) y «De refranes y cantares tiene el pueblo mil millares» (Martínez Kleiser, 54 660).

Pero, ¿qué es un refrán? Como muchas otras realidades literarias españolas, su definición no ha sido unívoca, sí controvertida[1]. Se cruza el refrán con el proverbio, la sentencia y el dicho popular. Establecer la frontera es tarea difícil y baladí. En muchos casos se podría decir que son términos sinónimos. No obstante, si se pregunta al pueblo, este tiene claro que es un dicho suyo –aunque realmente algunos en su origen no hayan sido populares-[2], una frase más o menos larga, en la que se ha acuñado su saber, su filosofía vital, a través de la observación de la realidad, de su comprobación. Se podría decir que es la expresión más genuina del saber popular, independientemente de que los expertos consideren que tiene que ser de estructura bimembre, que tenga rimas internas con fines mnemotécnicos, que constituya una sola oración, etc. Recordemos que tras observar años y años cómo se comporta el clima en la montaña, en este caso leonesa, se puede esperar una nevada en el mes de abril, ya que las otras seis llegaron puntualmente,  para que se cumpla el refrán que dice: «La luna de octubre siete lunas cubre».

El comportamiento de la realidad, acuñado en refranes, es cambiante. Ya lo decía magistralmente Garcilaso de la Vega (101-1536): «Todo lo mudará la edad ligera / por no hacer mudanza en su costumbre»[3]. Y, si la realidad cambia, la acuñación en refrán de ese comportamiento deberá cambiar o quedará obsoleto, habrá perdido su valor. Lo que sucede es que se ajusta a la nueva realidad y la formulación antigua se olvida.

Eso es lo que ha sucedido, amigo Raúl, al refrán que tanto te gustaba traer a colación cuando los recalcitrantes se negaban a aceptar –a ver- que la realidad de la enseñanza había cambiado en el siglo XXI y ya antes, que por mucho que se empeñasen en quedarse en la ley Palasí de 1970, otra actitud demandaba la sociedad, otros métodos requerían los nuevos tiempos, las nuevas tecnologías. Confieso que a ti te lo oí por primera vez en aquella sala no con mucha luz y con butacas ajadas por los años: «El buen paño en el arca se vende»[4] ya no tiene vigencia. La institución no puede vivir del recuerdo, anclada en la su vitola antigua de primera en la población, de calidad contrastada por los resultados, había que publicitarse, había que darse a conocer a la población que había aumentado considerablemente y ya no nos conocía, había que sacar el buen paño del arca y mostrarlo, enseñarlo, para que se pudiera vender, para que las aulas no se quedaran vacías porque otros paños, y no de mejor calidad, se habían interpuesto en el camino y los compradores habían optado por ellos.

Todo lo dicho hasta aquí ha sido el efecto de lo que estos días (segunda semana de abril de 2013) está sucediendo en la ciudad de León, al igual que en el resto de la provincia y provincias de Castilla y León: se ha abierto el plazo de solicitud de reserva de plaza para cursar enseñanza primaria, enseñanza secundaria y bachillerato en el curso 2013-2104 tanto en los centros públicos como privados. Trae una novedad la convocatoria: no hay zonas de influencia, se puede solicitar cualquier centro, independientemente del lugar de residencia. No sé si habrá sido por esta novedad o por un cúmulo de circunstancias –especialmente económicas-, lo cierto es que centros privados de la ciudad de León que siempre se habían vendido sin salir del arca, y que no hace falta citar, hoy se han decidido a dejar el refrán porque le han puesto el no delante de se vende y se publicitan en grandes vallas, en el periódico local de mayor tirada e, incluso, con buzoneo. Si la crisis aprieta, si el número de alumnos que hay que repartir no aumenta, si tenemos la infraestructura y el profesorado, si no queremos perder presencia e influencia en la sociedad, si no queremos que el negocio educativo –de rentabilidad económica-social- sea un fracaso, habrá que salir a la calle a publicitar excelencias, a darse a conocer, que la sociedad se ha acostumbrado al bombardeo fácil publicitario y a convertirlo en guía de compra. Hoy, lo que no se anuncia no se vende. ¡Si hasta los mejores vinos españoles, esos que tienen nombre de isla italiana, y los relojes de la erre de fama universal se anuncian!

¿Y los centros públicos? Simplemente no se publicitan. Esperan. Siguen creyendo en la filosofía del refrán. A sus gestores parece que no les preocupa que sus aulas se vacíen a favor de otros. ¿No será que al final del mes, el centro sea de excelencia o no, esté completo o no, se cobra lo mismo? ¿Para qué, entonces, molestarse? La eficiencia y la rentabilidad social también deben exigirse a los gestores de lo público y, si no se consigue, tómense medidas. No se puede tolerar ceder terreno a lo privado sin más ni más, por cruzarse de manos. ¡Cuánto mejor se administre lo público, a más llegará el conocimiento, más armas tendrán para la libertad, para intentar ser felices!

Y ya que tenemos a la vista otros muchos refranes relacionados, vamos a utilizarlos como colofón. Comenzaremos por los que no han perdido su valor, son centenarios, son contrarios al que nos ha ocupado y se encuentran en la cresta de la ola económica y social de la compra-venta para demostrar a los listos de turno que hay muy pocas cosas que se puedan inventar. Los podemos encontrar en Francisco del Rosal (1560) y Juan de Mal Lara (1568), entre otros:

–      Anuncia y venderás.

–      Quien no anuncia no vende.

–      Quien no pregona no vende

–      Quien no anuncia cada día no vende su mercancía.

–      Haz ruido y sacarás partido.

Junto a los anteriores, sus contrarios, sus antónimos, que sí han perdido su valor ya, aunque haya quien no quiera reconocer la realidad que le circunda cegado por la vanidad y la soberbia y seguro de que los males de la enseñanza en este país son de otros:

–      El buen paño en el arca se vende.

–      Véndese en el arca el buen paño y el buen vino, sin ramo[5].

–      El buen vino no ha menester ramo.

–      El buen vino no necesita bandera.

–      El vino bueno no ha menester pregonero.

Como final una propuesta para el hoy, síntesis paremiológica de todo lo dicho: «El buen paño en el arca No se vende».


[1] Este aspecto, así como la oralidad y la escritura, su carácter tradicional, la mentalidad proverbial, su caracterización literaria y lingüística, etc,  se abordan en profundidad, con recurrencia a la bibliografía especializada, en los tres primeros capítulos de la obra de Hugo Oscar Bizarri, El refranero castellano en la Edad Media, Madrid, Ediciones del Laberinto, 2004.

[2] Respecto del origen del refranero español, esta podría ser su síntesis: 1. De la Antigüedad clásica. 2. De la Biblia. 3. De procedencia  árabe. 4. Nacidos de alguna frase literaria. 5. Desgajados de canciones. 6. La inmensa mayoría, creados por el propio pueblo.

[3] Edad ligera: el tiempo fugaz.

[4] Autoridades (1737) da su significado: «Refrán que enseña que las buenas prendas, por sí mismas, son apetecibles y se dan a conocer sin necesitar ostentarlas ni exagerarlas». Añade que tiene su correspondencia en latín: «Nascitur et petitur sit vel si abscondita virtus. Proditur a proprio lumine pulcher bonos».

[5] Autoridades (1737) recoge la frase vender al ramo: «Frase que significa vender el vino por menor el cosechero. Díxese así por ponerse por señal un ramo de oliva colgado en la puerta. Lat. Ramo pendente ante portam vinum venundari».

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