¿SÁBADO DE LÁZARO O DOMINGO DE LÁZARO?

Existen personas que a sus más de noventa años mantienen una memoria prodigiosa. Esto es lo que le ocurre a Antonio Ibáñez Valdeón, natural de La Uña (León), que con sus 94 años nos recordaba el domingo pasado que este se llamaba Domingo de Lázaro, ante el asombro de todos los presentes. Sus años le sirven para recordar un rito católico que otros ya nos recordamos.  A renglón seguido hace gala de su saber popular y nos cita un refrán antiguo[1] relacionado con dicha festividad y que, con una formulación similar, se halla por toda España: «Domingo de Lázaro, maté un pájaro. / Domingo de Ramos, lo pelamos. / El día Pascuilla, lo eché en la escudilla». Lo que no recuerda es su significado o con qué se anexionaba su contenido. Pudiera estar relacionado con la Cuaresma y con la prohibición de comer carne: primero durante todos los días del periodo, después durante los miércoles y los viernes y, por último, durante los viernes, siempre y cuando se hubiera pagado la bula correspondiente;  y el levantamiento de la prohibición el lunes de Pascua o día de Pascuilla. ¡Vaya a la memoria de su memoria!

La última semana de Cuaresma, que ha comenzado el día 18 de marzo de 2013, recibe el nombre de Semana de las Palmas, porque culmina en el Domingo de Ramos. La precede el Domingo de Lázaro, según la liturgia ambrosiana que denominaba los domingos de Cuaresma por la lectura del evangelio que se realizaba ese día: la muerte y resurrección de Lázaro (Jn., 11, 1-46). Tenemos una descripción temprana de esa liturgia: la de la monja Eteria o Egeria en su Itinerarium ad Loca Sancta, situándola en el sábado o vigilia del Domingo de Ramos:

El sábado de Lázaro. Al llegar a la semana séptima, esto es, cuando solo quedan dos con ella para la Pascua, todo se hace cada día como en las demás semanas pasadas; solo que las vigilias, que en aquellas seis semanas se hicieron en la Anástasis[2], en la séptima semana, el viernes, se hacen las vigilias en Sión[3], según la manera con que se hicieron en la Anástasis durante seis semanas. Y en cada hora se dicen siempre salmos o antífonas apropiados al lugar y al día. Pero cuando comienza a amanecer y aparece radiante el sábado, el obispo ofrece y hace la oblación el sábado de mañana. Al dar la despedida, alza la voz el archidiácono y dice: «Hoy, a la hora séptima, estemos todos prontos en el Lazario[4]». Así pues, al llegar la hora séptima todos vienen al Lazario. El Lazario, que es Betania, dista de la ciudad unas dos millas. Yendo de Jerusalén al Lazario, como a unos quinientos pasos de este lugar, se halla en el camino una iglesia en el sitio en que María, hermana de Lázaro, salió al encuentro del Señor. Al llegar allí el obispo, le salen a recibir todos los monjes; entra el pueblo, se dice un himno y una antífona, y se lee el mismo texto del evangelio en el sitio donde la hermana de Lázaro salió al encuentro al Señor. Luego, hecha la oración y dada la bendición a todos, se va desde allí al Lazario cantando himnos. Una vez llegados al Lazario, es tal la multitud que allí se reúne, que no solo ese lugar, sino todos los campos de alrededor están llenos de hombres. Dícense himnos y antífonas apropiados al día y al lugar, y se leen varias lecciones propias del día. Luego, al dar la despedida, es anunciada la Pascua, esto es, un presbítero sube a un lugar elevado y lee este texto escrito en el evangelio: Seis días antes de la Pascua, llegó Jesús a Betania y lo demás. Leído este lugar y anunciada la Pascua, se hace la despedida. Esto se hace ese día porque, como está escrito en el evangelio, seis días antes de la Pascua tuvo lugar esto en Betania; porque del sábado a la feria quinta, en la que después de la cena, de noche, fue prendido el Señor, hay seis días. Después vuelven todos directamente a la ciudad a la Anástasis, y se hace el lucernario.[5]

De la relación de Egeria queda claro que la muerte y resurrección de san Lázaro de Betania (Jn., 11, 1-45) se celebraba el sábado antes del Domingo de Ramos, o lo que es lo mismo, seis días antes del prendimiento de Jesús en el huerto de Getsemaní (Jn., 12, 1), y que tiene relación con la pasión de Jesús porque él mismo anuncia aquí su muerte: es su preludio. Igualmente debe tenerse en cuenta que este milagro de Jesús fue el desencadenante de que el Sanedrín decidiera la muerte de Jesús (Jn., 11, 47-53).

Esta liturgia para celebrar la muerte y resurrección de Lázaro y anunciar el advenimiento de la Pascua sería llevada por los peregrinos a sus lugares de origen. La mención más antigua es de Tito de Bostra (364-378). Del siglo V las referencias son ya varias dividiéndose los testimonios entre los que la llaman Sábado de Lázaro o Domingo de Lázaro, situándola en días diferentes. A partir del siglo VI, esta celebración la recogen ya los ritos litúrgicos cristianos. El ritual mozárabe, siguiendo al ambrosiano, la situó en el domingo anterior al de Ramos[6], y así fue celebrándose a lo largo de la historia de la Iglesia (recordemos el reconocimiento explícito de este rito por el Concilio de Trento (1545-1563)), hasta que la liturgia actual[7], llamada de rito romano, la ha pasado al viernes de la cuarta semana de Cuaresma.


[1]Francisco del Rosal en sus Refranes de 1560 recoge dos relacionados con la Cuaresma y sus domingos. La redacción más cercana al nuestro es la siguiente: «El Domingo de Lázaro, maté un pájaro. El Domingo de Ramos, lo pelamos. El Domingo de Pascua lo eché en ascuas, y el Domingo de Cuasimodo, me lo comí todo». Juan de Mal Lara en La Philosofías vulgar (1568) y Gonzalo Correas en Vocabulario de refranes (1627) los vuelven a insertar en las obras citadas.

[2] Anástasis: espacio de la iglesia en el que se representa la resurrección de Cristo. Aquí se refiere a l iglesia del santo Sepulcro en Jerusalén.

[3] Sión: colina situada al sureste de Jerusalén donde se situaba el templo de Salomón.

[4] Lazario: lugar de Lázaro, alrededor de cuyo sepulcro se fue formando una población que lleva su nombre: Lazarium.

[5] Agustín Arce, Itinerario de la Virgen Egeria (381-384), Madrid, BAC, 1980, pp. 279-281.

[6] En La Uña existe un refrán que lo corrobora: «Domingo de Lázaro maté un pájaro, Domingo de Ramos lo pelamos, el día de Pascuilla lo eché en la escudilla». Con una formulación muy similar se recoge por diversas partes de la geografía española.

[7] Derivada de la Constitución sobre la sagrada liturgia del Concilio Vaticano II (1962-1965), firmada por el papa Pablo VI el 4 de diciembre de 1963. Mandó sustituir el latín por las lenguas vernáculas, la revisión del año litúrgico, el establecimiento del rito romano, etc..

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